Salud y Migrancia

Por Juan Villagra, Director Escuela de Salud Comunitaria

Durante los últimos años, se ha establecido la idea de que Chile vive una explosión demográfica con la llegada de personas provenientes de diversos países del continente, que buscan mejores condiciones de vida.

Pero la problemática no reside solo en el número de recién llegados. Una de las mayores dificultades se desarrolla en la percepción que tienen los “nativos” respecto de los nuevos habitantes; especialmente acerca de su estilo de vida, costumbres y eventuales hábitos que consideramos inadecuados para el contexto en el que vivimos.

Y la diferencia se siente, se ve, se escucha. Los cambios se perciben en lo cotidiano; en las jornadas de eliminatoria mundialista donde ahora vemos en las calles, tantas camisetas amarillas con la 10 de James, como rojas con la 7 de Alexis o en la sala de espera del consultorio, plena de personas jóvenes de piel negra como de adultos mayores (habitual mayoría en ese espacio).

Su hablar, energías y aspectos distintos generan miedo y un espontáneo rechazo inicial. Superada esta reacción al cambio y dispuestos a observar (situación que aún se encuentra en proceso en los barrios de distintas ciudades chilenas), se iniciará el proceso de aprendizaje mutuo.

Es en este punto donde las lógicas comunitarias y participativas en salud, tienen mucho que aportar. A nivel macro, el gobierno trabaja en la generación de una nueva ley de migración, que reemplace la actual (del año 75) y establezca claramente derechos y deberes en salud, educación y trabajo. A nivel meso, los municipios han establecido iniciativas de protección, que se presentan como acceso garantizado a la atención de urgencia y garantías plenas en salud materno-infantil para residentes: regularizados o no.

Pero el nivel micro, ese que integra al sujeto a la trama social, necesita nuevas formas de abordaje y es ahí donde tiene lugar el Programa de Intervención Comunitaria de nuestra Universidad. Las políticas macro y meso, permiten sentar bases mínimas, pero la información más rica para levantar diagnósticos se invisibiliza si no acudimos a la fuente. Así, perdemos conocer de qué enferma una persona haitiana viviendo en Chile, y en qué contexto desarrolla este enfermar. Perdemos la oportunidad de integrarles a una soberanía alimentaria al no conocer su hábito y preferencias y desconocemos sus creencias en la generación de salud y enfermedad.

Trabajar en los barrios, conocer las realidades, sistematizar y desde ese conocimiento, y en conjunto con los residentes, proponer vías de acción, genera un aprendizaje único y motor potencial de cambio en favor de la salud de nuestras comunidades en actual cambio, con nuevos vecinos que han venido para quedarse.