Mejora en los niveles de vida

Por Hernán Sandoval, Decano

En 1975, Thomas McKeown, publicó un estudio (J Med Educ. 1957 Feb;32(2):110- 5) que demostraba que la disminución de la mortalidad por tuberculosis en el Reino Unido, entre 1850 y 1970, fue persistente y que la tendencia no fue modificada cuando, en 1947, se introdujo el tratamiento con estreptomicina, antibiótico capaz de controlar el bacilo de la tuberculosis, ni cuando se introdujo la vacunación BCG.

A partir de ello, McKeown señala que las ganancias más importantes en la esperanza de vida no tuvieron que ver, ni con la medicina clínica organizada, ni con las intervenciones en salud pública. Es, la mejora de los niveles de vida y de la nutrición, que causaron la transición en salud en Gran Bretaña de 1600 a 1940, el sostenía que las acciones médicas eran irrelevantes frente a las grandes tendencias de la salud pública, que estaban asociadas a la  alimentación y calidad de vida.

En 1980 el Dr. Douglas Black pública un informe (Inequalities in Health. London: DHSS. August 1980.) sobre las desigualdades en salud en Inglaterra, en el cual analiza las tasas de Mortalidad y Morbilidad por grupos sociales,  y en el demuestra que, a pesar de la existencia del Servicio Nacional de Salud, creado en 1949, que permitía el acceso irrestricto de todos los británicos a los cuidados de salud, las diferencias de mortalidad y esperanza de vida, entre los trabajadores no calificados y los profesionales, no solo se habían mantenido, desde 1949, sino que se habían  acentuado.

La gran conclusión de este trabajo, es que las desigualdades en salud, no están producidas por restricciones en el acceso de la atención médica, sino que están producidas por las condiciones y la calidad de vida de las personas, vinculadas a su ingreso, participación en la vida social y educación.

Estudios posteriores corroboran estas conclusiones, y se demuestra que los grupos sociales de más bajo nivel de ingresos, de educación y de participación al poder en la sociedad, tienen peor salud que los de más altos y que estas brechas en los niveles de salud, medidas por la esperanza de vida y la discapacidad, no solo se han mantenido a lo largo del tiempo, a pesar de las mejoras en la cobertura y eficacia en la atención médica, sino que en algunos casos se han acentuado.   Por otra parte, la Agencia de Salud Pública de Canadá publicó, en el año 2002, un estudio en el que se concluía que el acceso a los servicios de salud contribuía en sólo un 25% al estado de la salud de la población, mientras las condiciones de vida lo hacía en un 50%, la genética en un 15% y los factores ambientales en un 10%.  

Es importante reiterar estos conceptos, porque existe la creencia que mejor cobertura de la atención médica, producirá mejor salud de la población y que las enfermedades, en especial aquellas de gran frecuencia, necesitan de tratamientos específicos, para ser curadas, en lo individual y superadas en lo colectivo. Siendo, la atención de salud indispensable, porque por muy buena que sea la salud de la población, siempre habrá enfermos que atender, curar o aliviar, que necesitan de servicios de salud de calidad y eficientes, es preciso considerar que los grandes progresos en salud de la población lo dan las políticas públicas y el mejoramiento del bienestar y de la calidad de vida. La garantía de acceso a los cuidados médicos no tiene que ver con su impacto en la salud global de la población, sino que tiene que ver con satisfacer la necesidad de las personas de superar una condición de vulnerabilidad y dolor, y además sentir que el estado es capaz de producir la asistencia necesaria y no estar abandonados por la sociedad, sino que, ser asistidos por la misma.

Hay muchas personas que consideran que lo importante es aumentar la cobertura y la calidad de los cuidados de salud, más que generar políticas públicas que mejoren la salud de la población en su conjunto, cuando en virtud de lo señalado anteriormente no habrá real progreso en la salud de la población si no hay políticas públicas claras y eficientes.

En este sentido la propuesta de la jornada laboral de 40 horas semanales puede ser una importante contribución a la calidad d3e vida de los chilenos y por ende a su salud.